En el tablero de juego

La noticia sobre la creación de una versión peruana del juego de mesa Monopolio -bautizado como Monopoly Perú- no pudo llegar en mejor momento.

Como apuntamos en el artículo publicado en las páginas 18 y 19 de esta edición, la iniciativa de la multinacional Hasbro se convierte en un oportunísimo aporte a favor de uno de los principales anhelos del turismo nacional: la promoción internacional efectiva de nuestros atractivos turísticos más allá de Machu Picchu.

Y es que, como ya se ha advertido una y otra vez, en el imaginario colectivo de los viajeros del globo la imagen del Perú no es otra que la de nuestro santuario maravilloso. En palabras de Dawn Drew, vicepresidenta de la National Geographic Global Media-Travel, "mucha gente piensa que el Perú es solo para los arqueólogos. Saben que está Machu Picchu y el Amazonas, pero no tienen información sobre nada más. No saben que hay muchos lugares y que hay acceso para visitarlos", tal como declaró a El Profesional en reciente visita al país, en octubre pasado.

He allí lo relevante de saber que el clásico juego de compra y venta de propiedades será pronto diseñado con 22 destinos peruanos, los que serán elegidos mediante votación on line.

Ojalá que gracias a este y otros proyectos similares no vuelva a ocurrir lo que hace unos meses, cuando el cierre de Machu Picchu paralizó casi por completo nuestra industria a nivel nacional. Algo que no debe repetirse, si queremos llegar a ser un país turístico de primer orden y colocarnos entre los más cotizados del mundo.

No deben las autoridades del sector esperar que caigan del cielo otras iniciativas privadas de esta índole para ponerse a promocionar Caral, o quizás el Colca. A la vez que se trabaja en el posicionamiento y la diversificación de nuestros destinos, se debe solucionar los eternos problemas que los aquejan y que, lejos de ser nuevos, se han repetido hasta el cansancio. El caso más emblemático y preocupante: el de la Fortaleza de Kuélap, en Chachapoyas.

Kuélap, joya del circuito norte peruano, no se convertirá en un producto turístico cabal mientras no logre sacudirse de su lamentable y deficiente conectividad aérea y terrestre. Debido a que no arriban vuelos comerciales al aeropuerto de la capital de la región Amazonas, el turista debe llegar a la ciudad por tierra. Dos son las opciones, ninguna muy recomendable (una, desde Chiclayo; la otra, desde Cajamarca). Ambas carreteras no están asfaltadas, son bastante angostas y atraviesan abismos.

Tan deplorables condiciones de acceso desaniman, sin duda, a muchos que podrían darse una vuelta por el legado más valioso de la cultura Chachapoya. Los mismos potenciales turistas que mañana lanzarán los dados sobre el tablero del Monopoly Perú para comprar el Manu, las Líneas de Nazca o Choquequirao. Gente que quizás se anime a visitar las propiedades que adquirió con sus billetes de juguete, a recorrer un Perú diverso y distinto al del Ombligo del Mundo.

Confiamos en que así será. Claro, mientras el trabajo de las autoridades de turno a favor de nuestro turismo lo permita.