Soluciones en los 100 de MAPI

El próximo año, el Perú estará de fiesta. Se cumplirá un siglo desde que Hiram Bingham redescubrió Machu Picchu. Celebración que, al margen del orgullo que produce con justicia en los peruanos, invita nuevamente a analizar las dificultades para el turismo que pesan sobre nuestra maravilla mundial y en general sobre el Cusco.

Hablemos, para empezar, de los esfuerzos de la campaña Cusco Pone para mitigar los efectos del cierre de la ciudadela inca tras las lluvias en febrero y marzo pasado.

Aquí, a primera vista, los resultados lucen positivos. En cierta medida funcionaron las promociones de 50% de descuento en boletos aéreos y hospedaje, empresa impulsada por el Mincetur y apoyada en su conjunto por el sector privado que logró seducir al turismo interno y contribuyó con ello a reactivar medianamente la industria sin chimeneas en la zona afectada. Sumemos a ello la campaña Celebrity, de PromPerú, que motivó la presencia de la actriz Susan Sarandon en el país y la promesa de muchas otras visitas ilustres.

Esta única reacción del Estado no deja de ser preocupante, sin embargo, pues se ha optado por lo más fácil y mediático: utilizar la herramienta "promoción" para soslayar los graves problemas que persisten desde siempre en el Ombligo del Mundo.

No se ha hecho nada, por ejemplo, para resolver el caos en Machu Picchu Pueblo tras el desastre natural, como ya apuntamos en el editorial de EP 420. Pocos olvidan que la puerta a la ciudadela quedó aislada por la furia de los ríos. Turistas y locales pasaron días sin ser evacuados, sin alimento ni techo. La noticia rebotó en casi todos los medios de comunicación del planeta, con lo que se liquidaron casi por completo las reservas de receptivos.

Es decir: el mayor desastre padecido por nuestro turismo, y ni así Martín Pérez, titular del Mincetur, mostró verdaderos signos de voluntad política para hacerle frente. ¿O acaso bastó con proponer cambiar, una vez más, el nombre de la localidad hasta hace poco conocida como Aguas Calientes, como hizo el Ministro durante aquellos días de tragedia?

Otro punto crítico es la implementación de nuevos accesos al Santuario Histórico. Pese a que la Cartuc ha propuesto cuatro rutas alternativas a la única vía férrea actualmente operativa -descritas en EP 414 y EP 420-, a la fecha las autoridades no han mostrado interés por remediar este gravísimo limitante de conectividad.

Y ni hablar de la falta de seguridad. Solo en el aeropuerto Velasco Astete se producen 10 robos al mes. Y a la salida del terminal, los taxistas cobran una tarifa siete veces mayor a la que debida, todo un abuso para el visitante. En otras palabras, ni bien arriban a nuestro destino maravilla, muchos de nuestros turistas ya van formándose una mala imagen del Perú. Esto, sin contar que los atracos casi se quintuplican ya en la capital cusqueña.

Este modus operandi epidérmico y facilista no puede ser más desalentador. Al parecer, durante la "era Pérez" se seguirán barriendo bajo la alfombra los grandes problemas del turismo en el Cusco, el principal destino del país.