Volar sobre el océano Pacífico y que explote uno de los motores del avión no es cosa para tomar a la ligera. Menos, si hay 230 pasajeros a bordo. Por eso, ayer se vivieron minutos de tensión en el aeropuerto estadounidense de San Francisco: una nave de Qantas, que iba rumbo a Sydney, tuvo que retornar a la base 45 minutos después de haber despegado. Sí, falló su motor.
Ésta vez, gracias a la pericia de los pilotos -vaciaron el combustible del ala derecha del avión, donde la explosión generó un pequeño incendio- todos regresaron a EEUU sanos y salvos.
"El hecho es que, ocasionalmente, los motores fallan en los aviones y, de hecho, esto prueba la habilidad de nuestros ingenieros y la tripulación que trajeron la nave a casa de forma segura", afirmó a EFE el portavoz de Qantas, David Epstein.




